El miércoles 16 de septiembre, a las 15:00 horas en Mugurukolanda (o en Gandasegi si llueve), La Gata Japonesa traerá acrobacias, magia y mucho más a las fiestas de Galdakao. La compañía surgió de una necesidad: explorar un lenguaje propio. Tras años trabajando con números cortos para otras compañías y como intérpretes, Elena Vives y Diego García tenían ganas de descubrir su faceta creadora, de crear según sus inquietudes sin tener que adaptarse a proyectos de otras personas, aunque eso es algo que tampoco han abandonado y les hace crecer mucho. Se trasladaron a la Sierra Norte de Madrid y allí conocieron a Laura Miralbés, con la que empezaron a crear un lenguaje común que, junto con la posterior incorporación de Hugo Miró, dio lugar a la primera pieza de la compañía, ‘Lumières Foraines’.
¿Quiénes componen La Gata Japonesa?
El núcleo de la compañía ahora somos Diego y yo. Las vidas y la geografía nos pone difícil un proyecto del elenco original, aunque nos vamos inventando cosillas para coincidir. Actualmente en el elenco de «La Trastienda» y «Paipai Rouge» contamos con una nueva incorporación serrana, Ander Yarza, pianista y compositor.
¿Qué puede esperar el público del montaje «Paipai Rouge»?
Sobre todo risas, pero también magia, equilibrios, acrobacia aérea, ingenios y todo acompañado por piano en directo.
Defienda, por favor, un espectáculo en la calle frente a uno dentro de un teatro.
Cada espacio tiene su encanto. En la calle cada show es más diferente, más inesperado. Los estímulos externos están menos controlados y todo lo que pasa inevitablemente se introduce en el show y hace que cada representación sea única. La relación con el público es quizás más horizontal, más cercana y directa. El espectáculo de calle llega también a personas que no acuden habitualmente al teatro y que se lo encuentran por casualidad, por lo que también creo que es generador de público. Me parece bonito imaginar y resignificar los espacios cotidianos. Ir a trabajar un día y recordar que esa plaza por la que ahora pasa un camión de basura un día fue un océano, un palacio… o una tienda de antigüedades, como en este caso.
Ahí queríamos llegar, ¿por qué la tienda de antigüedades como escenario?
Porque las antigüedades son vehículos al pasado, a nuestros ancestros, a otras vidas. Puertas a imaginar, a inventar. Algo que ha permanecido acumulando historias de generaciones.
Espectáculo para todos los públicos… ¿conectan más peques o adultos?
Creo que hemos conseguido un buen equilibrio. La música, los colores, el humor más físico y el circo conectan muy bien con la infancia. Los textos van dirigidos al público adulto.
¿Le gusta la interacción con ese público?
Me encanta. Es realmente estimulante esa escucha constante, dejar que el público me guíe, que me enseñe qué tiempo necesita ese ‘gag’, que aparezca un nuevo chiste casi sin querer. Y que participen en la escena. Ese momento es apasionante, te obliga a tener los sentidos a todo rendimiento.
¿Elena Vives está tan ‘colgada’ como en su espectáculo?
Diría que no. En el día a día soy bastante disciplinada y metódica. Pero quién se atreve hoy en día a afirmar estar cuerda…
¿Miedo a caerse?
Lo primero que aprendo es a caerme, así caerse pasa a ser un asunto menor y el miedo desaparece.
Se la ve flexible… ¿cuántos años ha costado llegar a doblarse así?
Pues no sabría decir, porque fue hace mucho. A mi edad ya el objetivo es más bien no perderlo. Llevo haciendo circo veinte años.
Lo de convertirse en artista… ¿nace o se hace?
Hay quien nace. En mi caso se hizo con mucho esfuerzo, tiempo y dedicación. No nací con un gran talento y, además, empecé algo tarde.
Su compañía sabe de premios, ¿les han concedido muchos?
Sí, tenemos alguno importante. Es bonito el reconocimiento al trabajo que hacemos con tanto cariño y además ayuda a tener más actuaciones y que nuestros espectáculos lleguen a más personas, que es el verdadero premio.
¿Es cierto eso que se dice de que el mejor galardón es siempre la cara de sorpresa de quien mira… o prefiere los títulos?
Lo mejor de este trabajo es hacerle la vida, o por lo menos el ratito, un poco mejor a la gente.
¿Qué pediría a las personas que acudan de Galdakao?
Que disfruten, que se dejen llevar, que participen, todo es muy seguro y cuidadoso. Y si van en familia, que lo disfruten juntos.






