Después de disfrutar el éxito de su libro ‘Las madres no’, la escritora vasca Katixa Agirre presenta una novela original e inquietante, ‘De nuevo centauro’ (Tránsito). Sobre el futuro cercano que plantea en sus páginas y su propia labor literaria hablará el lunes 24 de noviembre en una tertulia literaria organizada por el grupo de mujeres Mairi Emakume Feminista Batza. La cita es a las 18:30 horas en la sala 3 de Torrezabal Kultur Etxea. Allí charlarán sobre realidades paralelas, necesidad de evasión, autoengaño y aristas de la sexualidad, temas presentes en la obra.
¿Qué pueden esperar las asistentes a la charla?
Quienes hayan leído el libro podrán contrastar sus impresiones conmigo, la autora, resultará una charla fructífera para todas, ellas tendrán otro punto de vista, el del resto de lectoras y el mío, y yo comprobaré qué efecto o consecuencias tiene lo que escribí, porque muchas veces los efectos son impredecibles y no se pueden comprobar hasta que el libro llega a manos de la gente.
¿Por qué hay que leer ‘De nuevo centauro’?
Nunca obligaría a nadie a leer mi libro, así que no hay que leerlo, pero si alguien lo hace se encontrará con un texto muy original que nos coloca en un futuro cercano, que nos es muy reconocible, porque muchas cosas de nuestro presente están aún allí. Otras han evolucionado, pero siguen manteniendo ese hilo que les une al pasado. Sin ser utópico, tampoco es distópico. No habla de grandes desastres, sino de pequeños desastres aquí y allá, y de cosas que en el futuro mejorarán. Porque esto es algo que creo, cuando pensamos en el futuro no podemos pensar solo en desastres, sino en que habrá cosas que habrán mejorado. Por ejemplo, se menciona la cura del cáncer, una gran medida fiscal que ha repartido la riqueza del mundo de una manera más equitativa…
Escribe en euskera, ¿se traduce usted al castellano?, ¿qué diferencia siente a la hora de trabajar con uno u otro idioma?
Siempre escribo en euskera, y en algunas ocasiones me he traducido yo. En este caso tuve la suerte de que lo hiciera otra grandísima escritora y traductora como es Aixa de la Cruz. Me quitó esa labor de encima y además hizo un trabajo excelente. Enfrentarme a un texto que ya he terminado para ponerlo en otro idioma es un trabajo muy arduo, si puedo ahorrármelo, me lo ahorro.
En su libro ‘Las madres no’ ya hablaba de la compleja relación entre mujer-profesional-madre. Ahora vuelve a sugerir la maternidad como parte de un conflicto. ¿Lo es en su vida?
En ‘De nuevo centauro’ hay un hilo que une a las madres y se ve en esa maternidad de la protagonista, que se convierte en un conflicto para ella. Siempre, los conflictos de la maternidad, o por lo menos en mi literatura, son ambivalentes, por un lado son fuente de conflicto porque la crianza conlleva servidumbres, preocupaciones, responsabilidades, conflictos en la pareja, pero por otro la maternidad es una fuente de gozo, amor y placer. En esa ambivalencia se mueve la protagonista y sí, también me muevo yo probablemente.
Además reflexiona sobre la gestación subrogada.
La gestación subrogada aparece como consecuencia lógica del desarrollo de la realidad virtual. Ya no solo se hace una subrogación, como hoy en día, sino que los padres que van a comprar a una criatura pueden pasar por el proceso de embarazo y parto a través de aplicaciones de realidad virtual, es decir, pueden sentir lo que siente una madre cuando está embarazada, desde lo bueno hasta lo malo.
Es lo que hacen dos hombres que son pareja y van a tener un bebé por esta técnica, de vez en cuando se colocan el cacharro, el neopreno que se llama, para sentir ese embarazo. Claro que cuando se aburren o están incómodos se lo quitan y ya está, es una especie de embarazo de quita y pon, de experiencia de pega, algo que aparece en la novela todo el rato, si aquello que experimentamos virtualmente se puede equiparar a lo que experimentamos en la realidad.
¿Por qué le interesa tanto Mary Wollstonecraft, también la mencionaba en su anterior novela?
El personaje histórico de Mary Wollstonecraft va apareciendo en forma de fantasma o de espíritu, o quizá de alucinación. Se nos cuenta su historia, sobre todo relacionada con la maternidad. Ella fue una madre soltera en el siglo XVIII en Inglaterra. Cuando iba a tener a su segundo bebé, viendo las dificultades que había tenido con el primero, decidió casarse en el último momento, con tan mala suerte que falleció en el parto. Es la madre de Mary Shelley, la autora de ‘Frankenstein’. Mary creció sin madre.
Yo quería contraponer las experiencias virtuales inocuas, que en el fondo no hacen daño, con una experiencia cruel y devastadora como la maternidad en ese siglo y en muchos otros siglos, incluso el nuestro en otros lugares, como experiencia que realmente pone al cuerpo en juego. Muchas mujeres han llegado a perder la vida en este proceso, y muchos bebés también. Quería contraponer el lado cruel de la naturaleza a esa especie de juego de realidad virtual.
Define este libro como ‘ficción especulativa’, explíquenos a que se refiere.
La ficción especulativa es un relato de ficción en el que se especula por dónde puede ir el mundo. Aún no conocemos el futuro, no lo hemos visto, pero podemos imaginar ciertas cosas. Hay algunas que parecen ya escritas, pero realmente no lo están, y jugar con eso no escrito me parece muy interesante.
Habla de un mundo colapsado… ¿cree que la sociedad camina hacia el colapso?
Colapsado del todo no está, sin ser una distopía tampoco es una utopía, habla de cosas que van bien, habla de cosas que van mal, pero en ningún momento quería hacer un relato de desastres y hecatombes que nos deje sin esperanza. Quería un relato en el que se viera algún rayo de luz. De hecho, ha habido lectoras que me han dicho que leer el libro les ha quitado bastante la ecoansiedad, porque a pesar de que se ven los efectos del cambio climático, por ejemplo, también hay maneras de soslayarlo o lugares que han conseguido evitarlo. Algunas cosas se han perdido, se habla de varias playas del País Vasco perdidas, pero se ha ido desarrollando una conciencia ecológica que ha hecho que, por ejemplo, los viajes de turismo masivo se hayan prohibido.
La consideran una autora feminista, ¿está de acuerdo con eso o le molestan las etiquetas?
Me identifico con la etiqueta de autora feminista, porque soy autora y soy feminista, no identifico mi literatura como literatura feminista, eso sería encerrarla en una casilla que no le corresponde. Puede que de vez en cuando transite las ficciones feministas o beba de ese espíritu, pero en otras ocasiones no. La literatura no debe encasillarse dentro de una ideología, la literatura es lo contrario a la ideología, puede que me haya valido de la literatura para salirme de lo que en mi día a día me guía, que es mi ideología.
Está muy bien tener una ideología, pero a la hora de escribir creo que hay que meterse en terrenos que no controles, donde lo que es moralmente aceptable no se vea claro. Así que prefiero alejarme de los asideros que me da una ideología o un pensamiento como es el feminista y adentrarme en terrenos más embarrados.
Parece que no le importa remover conciencias y generar reacciones adversas en los lectores… ¿acertamos?
Introduzco a los lectores en terrenos embarrados donde las cosas no están claras, donde no se sabe muy bien qué pensar y no se dan respuestas claras a los conflictos. Muchas veces lo que quiero mostrar es que los conflictos son muy complicados de dilucidar. Estamos acostumbrados al tweet rápido, al eslogan, a que parece que todos tenemos muy claro cómo tienen que ser las cosas y la verdad es que la vida no es así.



