Gabonak bueltan dira, eta horrekin batera Koldo Bilbaok kale horretako 3. zenbakian dagoen Iturribideko Pausoen Museoan ikusgai dauden jaiotzei urtero egiten dien ekarpena. Aurtengo urteko, bere lanaren izenburua «1860ko Eguberria Butroien – Navidad en Butrón 1860» da, eta erakusketa partekatzen du Bizkaiko Belenisten Elkartearen beste hamaika jaiotzarekin batera.
Regresa la Navidad y con ella la aportación que Koldo Bilbao hace anualmente a los belenes expuestos en el bilbaíno Museo de Pasos de Iturribide situado, en el número 3 de esa calle. Este año, su trabajo lleva por título ‘1860ko Eguberria Butroien – Navidad en Butrón 1860’ y comparte exposición junto a otros once belenes de la Asociación Belenista de Bizkaia.
«La gente se acerca a ver mi belén y comenta que eso no es Butrón, porque no se ve el castillo. Entonces les explico que Butrón cuenta con mucha historia y en 1860 tenía ese aspecto. De hecho, el castillo actual es una remodelación del siglo XIX del medieval del XI y está ubicado en Gatika. Es uno de los mejores ejemplos de arquitectura neogótica y neomedieval no solo de Euskal Herria sino de Europa”, narra el autor.
La lección de historia sigue para quien se detenga a escucharla. “La casa torre de los Butrón es del siglo XI. El meandro del río de mismo nombre y la elevación del terreno por detrás en la loma de Menditxu permitían que se viese bien. Al pasar, el caminante quedaba impresionado por su grandeza. Era más ‘fardar o darse el pote’ que control militar. En 1480 la torre primitiva fue transformada en un castillo inexpugnable por el quinto señor de Butrón, mostrando su posición dominante y belicista”, añade.
Los Butrón fueron una de las grandes familias vizcaínas de finales de la Edad Media. Su apogeo coincidió con las guerras de bandos. “Estos ‘Jauntxos’ se agrupaban en dos bandos, oñacinos y gamboinos. Según la leyenda, todo empieza por una disputa en la forma de trasladar el féretro con los restos de un noble. Unos decían andando y sujetando el ataúd con las manos, como lo hacían nuestros ‘andaris’ en los funerales eclesiásticos, ‘oñaz’, y otros que sobre la espalda, ‘ganboa’, a hombros. Leyendas aparte, los linajes pelearon a muerte durante siglos hasta que los Reyes Católicos dicen que si desean guerrear vayan contra el infiel y consiguen apaciguarlos, convirtiendo sus casas-torre en residencias que perderían las almenas”, asegura.
Aquellos Butrón, oñacinos, no gozaban de buena fama, un antiguo refrán decía: «En tregua con los Butrón, no te quites el origón”… vamos, que mejor protegerse de ellos. “En el siglo XVI los Butrón abandonan el castillo y se instalan en la Corte; sus títulos y prestigio suben, pero su posesión de Gatika se deteriora. “En el siglo XIX aparece fotografiada como una torre ruinosa con cimientos de muralla, caseríos y un pajar”, explica. Koldo basa su nacimiento en la fotografía de 1860, antes de la reconstrucción del castillo actual. Para 1876, el Marqués de Torrecilla, Narciso de Salabert y Pinedo, senador en Madrid y último dueño de las ruinas de Butrón, manda reconstruir el castillo con estilo neogótico, similar a los castillos románticos centro europeos.
“Además de diferentes anuncios, documentales y otros formatos audiovisuales, allí se han rodado escenas de la ‘Dolce Vita de Fellini’ y de ‘Malenka, la sobrina del vampiro’, la primera película de terror española dirigida por Amando de Ossorio Rodríguez. También se rodó ‘Frágil’, de Juanma Bajo Ulloa y escenas de Juego de Tronos”, recuerda. Pero esa imagen no es la que Koldo quería para su belén, él hace viajar al visitante hasta mediados del siglo XIX para admirar “su torre, caseríos, pajar y escudos, “que amalgaman multitud de tradiciones vascas, entre otras la ofrenda del carnero a Mari, a Jesús o al párroco que se comía con sus amiguetes al animal ofrecido en bodas y distintas ceremonias a la Iglesia”, matiza. Además, ha colocado guadañas hoces, ‘igitis’ que boca arriba simboliza a Mari y sirven para protegerse de tormentas de Mikelats; también se protegía el caserío con una ‘aizkora’, un hacha con el filo boca arriba”, asegura.
No se ha olvidado del kaiku, cuenco pastoril para ordeñar ovejas y cabras de madera de abedul, en el que se hervía la leche con piedras ruxientes al rojo vivo. Ni de un trillo, un carro tirado por caballo “traído del la ermita del Rocío de Huelva y adaptado al estilo vasco”, cuenta, romanas, tamboril de asar castañas, butrones colgando de las casas, yunta de bueyes, laias, zapas, eguzkilores y, por supuesto a Olentzero, “personaje este año representado en varios belenes de la muestra que hace referencia el solsticio de invierno, el fuego frente al frío, el ‘Olentzero enbor’ para calentarse, y otros rituales como el ‘Ogi-salutadore’ que la religión imperante cristianizó. A ese Olentzero pedimos como regalos de Navidad salud, paz y felicidad. Eguberri on denoi!”, finaliza.



