El domingo 30 de noviembre, a las 18:00 horas, Torrezabal Kultur Etxea acoge el documental ‘Andereño Monika gogoratzen: 1934ko ikastolaren historia’. Dirigido por Itziar Barrenetxea y Josi Sierra, presenta la labor de esta maestra que, en 1934, dirigió en Galdakao la ‘Escuela Vasca de Plazako Etxebarria’ junto a Rosita Lekerika. En ella se inscribieron unos 60 alumnos, y las clases comenzaron en marzo. El 15 de abril tuvo lugar la inauguración oficial, a la que fueron invitados padres, autoridades, sacerdotes y gente del pueblo.
“Sus impulsoras eran miembros de la Ikastola Abertzale Batza (IAB). Para construir la ikastola y hacerla posible, existía una base sólida y bien arraigada: mujeres bien preparadas y organizadas, formadas en la Escuela de Maestras de Bilbao y agrupadas en la Emakume Abertzale Batza (EAB). Jóvenes, que impulsaban la iniciativa y la difundían por el pueblo, vinculados al entorno de Euzko Gaztedi. Promotores del euskera y la cultura vasca, organizados en torno a la asociación ‘Euzkerearen Adiskidiak’. Entre los colaboradores figuraban los hermanos Leizaola, Carmelo e Ignacio, que trabajaban como químicos en la fábrica de dinamita”, comentan los impulsores del trabajo.
Se trataba de un proyecto enraizado en la comunidad local y basado en el auzolan, el trabajo colectivo. Buscaba la implicación y el apoyo de familias, instituciones, particulares y grupos. “Gracias a la combinación de todos estos elementos, en 1934 se pusieron en marcha Euzko Ikastolak no solo en Galdakao, sino también en otros once municipios de Bizkaia: Elorrio, Durango, Zornotza, Sondika, Portugalete, Barakaldo… dos en Bilbao, otras dos en Algorta… y también en Bergara. Su objetivo era enseñar euskera y transmitir el cristianismo”, aclaran.
En la iniciativa participaron alrededor de 25 maestras y maestros y durante dos o tres años pasaron por ellas más de 1.000 alumnos, “niñas y niños juntos en las mismas aulas, al igual que hoy”, especifican. En febrero de 1936, Carmelo Leizaola, fundador de la ikastola, falleció repentinamente en Brasil. En su honor, el centro adoptó su nombre: Leizaola’tar Karmel Euzko Ikastola, y se colocó una placa conmemorativa en la entrada de la escuela, sufragada por la ciudadanía.
Durante el verano de 1936, al estallar la Guerra Civil, la situación comenzó a deteriorarse. “En la primavera de 1937, con el recrudecimiento de los bombardeos, todo se vino abajo, las clases fueron suspendidas y tanto profesorado como familias se vieron obligados a sufrir la represión o a tomar el camino del exilio. Pero gracias a ellas y ellos somos quienes somos: después de la dictadura, alumnas y alumnos, profesorado, madres, padres o cooperativistas de las ikastolas; también euskaltzales apasionados. Lo que defendieron durante la República y el franquismo son los mismos valores que han llegado hasta nuestros días, la igualdad entre chicas y chicos, el amor a lo nuestro, y el deseo de aprender, enseñar y hablar nuestra lengua y nuestra cultura. Recordar a la maestra Monika a través de las vivencias de sus alumnas, conocidos y familiares nos permite recuperar los esfuerzos y valores de aquella generación para transmitirlos a las futuras”, finalizan.



